El imperativo de creer y construir – Por Dunia De Barnola

julio 16, 2015 · 0 comentarios

competitividad

“Un país en el que sus principales indicadores económicos y sociales presentan cifras históricas de deterioro, requiere más que nunca que sus ciudadanos y las organizaciones a las que estos pertenecen transiten el camino del éxito”.

Violinistas del Titanic

La competitividad permanece como tema vigente más allá de tendencias. Competitividad, en la más amplia de sus acepciones, para avanzar en integraciones: social, cultural y comercial. Única garantía para enfrentar con ventajas este mundo globalizado. Hoy es más relevante que nunca fortalecer las iniciativas que nos permitan estar a la altura del reto de mercados y sociedades expandidas.

Un país en el que sus principales indicadores económicos y sociales presentan cifras históricas de deterioro, requiere más que nunca que sus ciudadanos y las organizaciones a las que estos pertenecen transiten el camino del éxito para que la sumatoria de sus logros permitan alcanzar mayores niveles de bienestar y, a partir de éstos, avanzar a estados de desarrollo que ayuden a saldar la deuda económica y social que Venezuela tiene aún con sus ciudadanos.

Sin embargo, con mucha más frecuencia de la que desearíamos nos tropezamos con gente que no le ve mayor sentido a este enfoque. Gente que piensa que la situación actual es la expresión más acabada del rotundo fracaso que como país hemos ido construyendo en las últimas décadas y que, por lo tanto, hablar de éxito no tiene cabida en el panorama actual.

Adueñarse del timón

El grupo de quienes no ven mayor sentido en hablar de éxito en estas circunstancias ignoran que las realidades son complejas y siempre tienen, al menos, dos caras, y que, aunque hay una cara de nuestra realidad muy asociada al fracaso, otra cara tiene que ver con el éxito que algunas personas y organizaciones han alcanzado a pesar de las condiciones en las que han tenido que desempeñarse en los últimos años. Este éxito es tan real como los fracasos que hemos acumulado. Los éxitos a los que nos referimos serán menos vistosos y, sin duda, menos conocidos, pero no por ello son menos reales, y así como otros se especializan en documentar el fracaso (lo cual es completamente válido, sobre todo si con ello evitamos repetir errores), es también necesario visualizar el éxito porque lo entendemos como otro elemento de nuestra compleja realidad.

Hay indicadores que testifican la capacidad creadora, innovadora, del pueblo venezolano. Pueblo que sabe aprovechar oportunidades y hacer frente a las necesidades. Sin embargo, el optimismo suele fallar cuando se mide el éxito productivo y sostenible a lo largo del tiempo. Estos indicadores nos hablan de individuos proclives a tomar iniciativas, que saben imaginar y crear (por ello logramos puestos destacados como país emprendedor), pero que al tratar de consolidarse en la base de una estructura productiva de país, encuentran dificultades y retos muy serios: desde limitaciones en el acceso al financiamiento, debilidad del apoyo institucional, exceso de trámites o complejidad en las leyes que regulan actividades hasta una escasa cultura como nación empresarial, que no la ha habido tradicionalmente (por ello logramos puestos bajísimos como país competitivo).

De allí la necesidad de identificarnos con los casos de éxito construidos por venezolanos en los más diversos escenarios, estudiarlos, aprender de ellos. De esta forma podemos acumular pistas de cómo dar competitividad y sostenibilidad a nuestros propios sueños emprendedores. Podemos entonces vernos en ese espejo, comprometernos con un futuro de mediano y largo plazo, y recordar que, a diferencia del Titanic, nosotros estamos a tiempo de cambiar el rumbo para no tropezar con el iceberg.

Por Dunia de Barnola/ @duniadebarnola y @vzlacompetitiva

Artículo tomado de Globovisión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ediciones anteriores:

Siguientes ediciones: