El líder en el espejo – Por Dunia De Barnola

julio 23, 2015 · 0 comentarios

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“Ojalá llegue alguien que sea capaz de cambiar esto”, “Necesitamos un buen líder que saque este país adelante”, “Es que no hay liderazgo, por eso esta empresa está así”, “¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá defendernos?”… Estas y tantas otras invocaciones a un mesías que nos salve de una realidad que no nos gusta las escuchamos a cada rato. Estamos a la espera de alguien que represente los mejores valores, capacidades, actitudes y aptitudes en que creemos para que transforme nuestro cotidiano en nuestro ideal. Y esperamos…. Y esperamos… Y…

Como comentamos alguna vez antes, hay una buena y una mala noticia respecto a esta esperanza. La mala: es muy poco probable que una sola persona pueda resumir en sí todas las cualidades necesarias, pueda estar en todos los lugares, tenga la visión de súperman para detectar los problemas de todos a la vez y pueda, en fin, salvarnos. La buena: podemos repartirnos pedazos más factibles y reales de esa responsabilidad, y asumir cada uno de nosotros un pequeño pedazo que, sumando, complete el paisaje de salvación al que aspiramos.

El líder en el espejo

Todos somos líderes en momentos y condiciones dadas. Ahora, ¿cómo aprender a fortalecer nuestro liderazgo? Se me ocurren dos maneras. Una puede ser palpar e incorporar los ejemplos y modelos de liderazgo que nos regala la cotidianidad: caminar por las calle y recibir lecciones de liderazgo de un niño que con valentía recoja un papel que dejamos caer y nos invite a mantenerla limpia; incorporarnos a nuestro lugar de trabajo y aprender del liderazgo de quien hizo su tarea tan bien que es imposible no revisar la nuestra en comparación; escuchar del liderazgo del vecino que se alza en la dignidad de sus convicciones y las comparte con respeto por las visiones diferentes; despertarnos a la voz de nuestro propio liderazgo que nos invita a salir al mundo a dar lo mejor de nosotros este día; leer liderazgo en los ojos de los ancianos que no se derrotan ante el paso de los años y siguen ahí dándonos lo que les queda de vida. Éstas, entre otras cientos de imágenes y experiencias que nos ofrecen un día cualquiera nuestras ciudades madrugadoras.

Otra forma puede ser mirar “al hombre en el espejo”. Chequear con nosotros mismo qué estamos haciendo y cómo. Cuál es nuestro siguiente paso y de qué manera nos representa. Valorar nuestras capacidades, competencias y valores para cada papel que nos toca desempeñar en la vida. Ver cuánto de nuestra autoconfianza, flexibilidad, pasión, integridad, autocontrol, iniciativa, conocimiento, preparación, visión, inventiva, intuición, compromiso, empatía, responsabilidad, orientación por los demás, cooperación, voluntad de trabajo en equipo, dirección, capacidad de influir, respeto, orientación al resultado, perseverancia y preocupación por la calidad ejercemos en nuestro desempeño cotidiano. Pasarnos esta lista de chequeo, no para juzgarnos por lo que percibimos que nos falta, sino para asumir el compromiso de potenciar lo que mejor manejamos y más tenemos, y fortalecer lo que necesita ser dinamizado y alimentado.

Por suerte nuestro liderazgo es una capacidad que puede desarrollarse, un músculo de nuestro esqueleto social que podemos entrenar para que esté presto a salir al frente cuando nos toque llevar la voz cantante, y rinda su máxima expresión cuando nos corresponda elegir ‘liderar’ asumiendo nuestra cuota responsable para hacer la diferencia.

Por Dunia de Barnola/ @duniadebarnola y @vzlacompetitiva

Artículo tomado de Globovisión.

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